Vecinos…

Buenas madrugadas pasajeros:

Van pasando nuestros primeros días en la estación. Esta noche se me hizo tarde, salí a tomar algo  y pude disfrutar de un pequeño respiro del aire viciado y el movimiento de la gente.

Resulta curioso como a pesar de haber pasado estos anteriores días solo, me he enriquecido gracias a algunos de vuestros comentarios y blogs. Como podéis estar a miles de kilómetros, pero esta noche, que volví a reencontrarme con mis amigos después de sus vacaciones, a disfrutrar de una cerveza en este aplastante clima sureño; me vi hablando sobre adicciones ( I y II ), sobre la fortaleza, “El Principito” o las relaciones, influenciado severamente por mi lectura sobre experiencias ajenas, opiniones y vivencias que han sido plasmadas de manera honesta y sincera por personas que aun no conozco.

Llevo una larga temporada pensando que la única manera de sentirme completo es estando con alguien, en persona, en una relación, en una pareja, y ahora que vuelvo a estar en la soledad de mi estación me doy cuenta de que si bien el ser humano está condenado a ser social, puede aprender, reflexionar, y en cierto modo relacionarse de un millón de maneras diferentes. Incluida esta vía, tan de “petit comité”, tan onanista la mayoría del tiempo, creada primordialmente para la auto reflexión y no para el feedback y las multitudes.

Solo es otra madrugada tórrida más, sigue estando la misma ventana abierta que no es cruzada ni por una brizna de aire, sigue siendo el mismo silencio roto tan solo por el paso inexorable y lento de los trenes o el sonido de algún coche en la calle, sigue siendo esta mi puñetera ciudad dormida del sur, donde nunca ocurre nada y nunca nada cambia. Pero sé que me puedo comunicar, que puedo romper una vez más el miedo a este absurdo recuadro blanco y sé que puedo leer lo que pensáis o lo que sentís, disfrutar de lo que os hicieron crear vuestras musas o compartir lo que os divierte o aflige.

Gracias por pasar a veces por esta estación, gracias por marcar vuestra huella en este rincón destartalado y solitario, y gracias sobretodo por poner una parada en vuestra puerta, para que pueda bajarme del tren haceros una visita de tanto en cuanto.

Prometo más inspiración mañana.

La lectura es el viaje de los que no pueden tomar el tren. Francis de Croisset

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Joey Knish

Buenas noches pasajeros:

Quizás os preguntéis a qué se debe el título de esta nueva entrada. Pues hoy os voy a hablar de calar a la gente. Soy relativamente joven, aunque mi edad se aproxime peligrosamente a esa cifra que comienza con un tres. He tenido experiencias dispares, pero en general de estas que empiezan con el muchachito noble conociendo a gente y terminan con el muchachito noble llorando en un rincón y solo.

He estado casi toda mi edad adulta compartiendo mis trayectos con alguien, prácticamente eligiéndolos juntos o incluso dejándome llevar por recorridos que no eran favorables para mi. Ahora, que estoy simplemente en mi estación, solo, me encuentro con personas desconocidas o casi, que me venden la posibilidad de hacer algunas rutas…

Knish es uno de los personajes de la película Rounders,  interpretado por John Turturro.  Es un tipo experimentado en el juego, que se gana la vida ganando a aficionados partidas fáciles de póker. Su característica primordial es que lleva toda la vida jugando, se da cuenta de todos los gestos, analiza cada detalle, ve cada trampa, pero no juega, simplemente quiere sacar la suficiente tajada para mantener a su familia sin trabajar.

Las rutas que me ofrecen pasan a veces por apoyar a la desconsolada emparejada cuyo amante bandido trata fatal, dando apoyo para renunciar a esa relación de la manera más apropiada, para luego no saber nada de la persona en unas  semanas hasta encontrarme con fotos de la pareja super feliz de vacaciones. En otras situaciones consisten en acabar siendo el caballero de brillante armadura que lleva a la chica ebria y emparejada en brazos a casa mientras alaba mi olor, mi fuerza o la dureza de mi cuerpo. Singular una en la que se me proponía echar carbón a la locomotora pero con cuidado porque el maquinista que la llevaría más tarde no sería yo…

Siempre quise contar con la “bondad” humana, aunque suene tópico, veo venir las cosas, pero con la mente fría intento humildemente creerme que la gente no actúa con un egoísmo cerril y un hedonismo infantil solo para satisfacerse de manera inmediata. Bien, veo que me equivoco.

Yo solo buscaba compañía de viaje, fuera del tipo que fuese. Alguien con quien poder estar en persona, enseñarle mi estación y charlar en el andén un rato, quien sabe, quizás subirnos juntos a dar una vuelta, para regresar más tarde y seguir con nuestros caminos distantes hasta que nos volviéramos a encontrar.

Comenté en el post anterior que me siento solo, soy como un personaje de tebeo de los que tenían la nube negra encima con rayitos y una pequeña tormenta; mientras para el resto del mundo hace sol y todo es maravilloso. Daría cualquier cosa porque alguien interpusiera un paraguas entre esa nube y yo, como ya ocurrió en anteriores ocasiones. Viviría feliz durante los días que eso durase, me entregaría otra vez al placer de ver el Sol y sentir el traqueteo de los trenes alejarse y llegar me inspiraría una sonrisa en lugar de anhelo y nostalgia. Sin embargo parece que esto no va a ocurrir, que los paraguas que aparecen llevan demasiada letra pequeña, que vienen con subterfugios y ganas de aprovecharse.

Llevo años sin jugar, renuncié a ello en mi último viaje, prometí tener siempre las cartas boca arriba y envidé a ciegas. Me intento recuperar como un idiota de aquella mala mano. Pero no se me daba mal y ahora los rivales son peces pequeños que creen que pueden dejarme pelado en la primera partida. Curioso que no sepan que siempre guardo un as en la manga.

Yo nunca quise esto…

“La vida es un juego del que nadie puede retirarse llevándose las ganancias” André Maurois

Entretente solo…

Buenas madrugadas pasajeros:

Hace una noche tórrida en mi estación. No puedo dormir, aunque no puedo culpar al calor, sigo mirando trenes llegar e irse. La mayoría de las personas con las que me solía relacionar hasta hace unos meses están muy lejos, no quieren saber de mí o se han ido de vacaciones; a disfrutar de otras rutas, otras vías, con otras personas. Las parejas de viaje vienen y van, pero de sobra sabréis que cuando las necesitéis no estarán, y cuando estéis a gusto y cómodos os lloverán ofertas.

Todo el mundo me dice que disfrute de esta nueva etapa, me relaje, lea, aprenda de mi mismo y reflexione sobre mis experiencias. Que cualquier etapa de la vida es de alguna manera interesante. Pero me cuesta, me cuesta horrores.  Algo me dice que podría olvidarme de mis “viajes pasados” si tuviera un buen círculo social, un entorno rico y con el que no parar quieto, que es en realidad lo que hacen los viajeros solitarios y a pesar de ello felices.

Bueno, sorpresa, soy un pasajero dependiente. Aceptación social, amistades, supongo que en cierta manera es normal. Me he pasado la vida dándomelas de solitario, pero en realidad siempre hubo alguien de “fondo” , cierta red de seguridad con la que podía contar. Hace unos minutos recordé una frase de mi padre, es uno de los primeros recuerdos que tengo de cuando compraron una casita en el campo. Por supuesto yo era pequeño y me obligaban a ir, pusieron una canasta de baloncesto para mí y yo iba persiguiéndoles para que jugaran conmigo. Mis padres, siempre ocupados, iban de un lado para otro cavando el huerto, plantando flores, regando o limpiando, siempre tenían algo que hacer. Uno de esos días, en los que yo estaba realmente pesado,  escuché el: tienes que aprender a entretenerte solo, no podemos estar haciéndote caso siempre. A mi, que me crié con la tele, no podían hacerme caso siempre.

Puede que desde ahí todo fuera una máscara, una forzada coraza de solitario empedernido que “no quiere aburrir a nadie”.

Esta noche necesito subirme a un tren, añoro más que nunca los antiguos trayectos, esta noche mataría por el traqueteo relajante y la certeza de un destino. Me noto cansado y solo, y supongo que debería estar disfrutando de mi nueva etapa. Que el verano pasará y llegará el ajetreo, nueva gente, nuevos lugares; pero a día de hoy cada minuto de esta soledad palpitante pesa como una losa. Intento alejarme de ella, ocupar mi tiempo con conversaciones triviales y actividades que me llenan más o menos, pero sigo notando ese vacío insondable, como esa herida de la lengua que sanaría si pudieras dejar de rozarla con los dientes.

Estoy agotado y aburrido, daré un paseo por la estación y tomaré un café de máquina, se acerca un tren, lo oigo venir, me pregunto a donde irá…

La soledad es muy hermosa… cuando se tiene alguien a quien decírselo. Gustavo Adolfo Becquer.

Cruzando vías…

Buenas noches pasajeros:

Este es mi primer mensaje en el blog que acabamos de estrenar. El mensaje de introducción ya explicaba más o menos lo complicado de nuestro encuentro.

Hoy quería hablaros de un tema recurrente en mis anteriores blogs, aunque la metáfora cambiará un poco, en otra ocasión hablé de “la pastilla azul o la roja” en clara referencia a la película Matrix, esta vez utilizaré la metáfora que hemos tomado para el título de nuestro blog para exponer mi punto de vista sobre esta dicotomía.

La vida son decisiones, tomamos varias, muchas cada día. Sin embargo sólo cuando nos salimos de la vía que racionalmente estipulamos nos encontramos con caminos que merece la pena recordar.

He tomado muchos trenes, saltado muchas vías y me he arrepentido de los destinos a los que me han llevado en multitud de ocasiones. Sin embargo, en noches como esta, con tiempo para pensar y dar vueltas en la cama, resulta que, aunque me llevaron a lugares dolorosos a los que nunca quise ir, jamás podré arrepentirme de los viajes que hice, de todo lo que vi por la ventana, de la compañía con la que descubrí esos lugares e incluso del traqueteo intenso de las malogradas y ruinosas vías, que más temprano que tarde acabaron llevándome a un sinfín de desfiladeros y arrabales peligrosos.

Vuelvo a estar en una estación del sur, desde la que siempre comienzo mis rutas y a la que siempre vuelvo cuando mi mochila se vacía y pierdo el norte.  Miro con nostalgia las vías que seguí durante tanto tiempo. En el ecuador del verano, con un calor intenso y casi llegados a la hora bruja. No sé, sinceramente, a donde me llevará el próximo vagón que coja, no tengo ni la más remota idea de a cuál de los treinta y dos rumbos de la rosa de los vientos me llevará mi nueva andadura. Por ahora me quedaré en la estación, viendo los trenes llegar y marcharse. Espero que os apetezca acompañarme un tiempo y que escojáis rutas que os llenen de aventuras, quizás, solo quizás me veáis a mi hacer lo mismo.

“Lo más difícil de aprender en la vida es saber qué puente hay que cruzar y qué puente hay que quemar” William Russell.