Entretente solo…

Buenas madrugadas pasajeros:

Hace una noche tórrida en mi estación. No puedo dormir, aunque no puedo culpar al calor, sigo mirando trenes llegar e irse. La mayoría de las personas con las que me solía relacionar hasta hace unos meses están muy lejos, no quieren saber de mí o se han ido de vacaciones; a disfrutar de otras rutas, otras vías, con otras personas. Las parejas de viaje vienen y van, pero de sobra sabréis que cuando las necesitéis no estarán, y cuando estéis a gusto y cómodos os lloverán ofertas.

Todo el mundo me dice que disfrute de esta nueva etapa, me relaje, lea, aprenda de mi mismo y reflexione sobre mis experiencias. Que cualquier etapa de la vida es de alguna manera interesante. Pero me cuesta, me cuesta horrores.  Algo me dice que podría olvidarme de mis “viajes pasados” si tuviera un buen círculo social, un entorno rico y con el que no parar quieto, que es en realidad lo que hacen los viajeros solitarios y a pesar de ello felices.

Bueno, sorpresa, soy un pasajero dependiente. Aceptación social, amistades, supongo que en cierta manera es normal. Me he pasado la vida dándomelas de solitario, pero en realidad siempre hubo alguien de “fondo” , cierta red de seguridad con la que podía contar. Hace unos minutos recordé una frase de mi padre, es uno de los primeros recuerdos que tengo de cuando compraron una casita en el campo. Por supuesto yo era pequeño y me obligaban a ir, pusieron una canasta de baloncesto para mí y yo iba persiguiéndoles para que jugaran conmigo. Mis padres, siempre ocupados, iban de un lado para otro cavando el huerto, plantando flores, regando o limpiando, siempre tenían algo que hacer. Uno de esos días, en los que yo estaba realmente pesado,  escuché el: tienes que aprender a entretenerte solo, no podemos estar haciéndote caso siempre. A mi, que me crié con la tele, no podían hacerme caso siempre.

Puede que desde ahí todo fuera una máscara, una forzada coraza de solitario empedernido que “no quiere aburrir a nadie”.

Esta noche necesito subirme a un tren, añoro más que nunca los antiguos trayectos, esta noche mataría por el traqueteo relajante y la certeza de un destino. Me noto cansado y solo, y supongo que debería estar disfrutando de mi nueva etapa. Que el verano pasará y llegará el ajetreo, nueva gente, nuevos lugares; pero a día de hoy cada minuto de esta soledad palpitante pesa como una losa. Intento alejarme de ella, ocupar mi tiempo con conversaciones triviales y actividades que me llenan más o menos, pero sigo notando ese vacío insondable, como esa herida de la lengua que sanaría si pudieras dejar de rozarla con los dientes.

Estoy agotado y aburrido, daré un paseo por la estación y tomaré un café de máquina, se acerca un tren, lo oigo venir, me pregunto a donde irá…

La soledad es muy hermosa… cuando se tiene alguien a quien decírselo. Gustavo Adolfo Becquer.